Cuando compramos un pollo debemos fijarnos en algunos detalles para asegurarnos de que sea fresco. Primero comprueba que su piel es lisa, flexible y húmeda, también debes fijarte en que no conserve restos de plumas ni tenga manchas oscuras.
El color del pollo debe ser uniforme, entre amarillo y blanco y desde luego no debe despedir olor desagradable. Si además sus ojos son brillantes, la carne es firme y los muslos musculosos, tendrás la certeza de que el pollo es fresco.
En caso de duda o si prefieres comprarlo congelado, verifica que el envase no contenga escarcha o hielo rosado ya que esto sería signo de que el alimento se ha descongelado y vuelto a congelar.
-
Valoración (5)






